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Cuando una amistad se desvanece

Foto del escritor: Lic. Karla Da Cruz
Lic. Karla Da Cruz
1 sept
3 min de lectura

Hace algunos años, descubrí que una amiga me había bloqueado de sus redes sociales. La verdad, no me lo esperaba. Nunca me comunicó si algo le había molestado o si había alguna diferencia entre nosotras. Simplemente desapareció de mi vida sin una palabra. Para mí, era una amiga cercana, con quien podía relajarme y bromear. Pero, ahora que lo pienso, a veces sentía que no siempre era sincera.


La última vez que hablamos, recuerdo que discutimos sobre temas políticos, pero, siendo sincera, no soy consciente de haber hecho o dicho algo que pudiera causar una ruptura tan drástica. Después de eso, nunca me buscó. Y yo tampoco la busqué, no solo por respetar su espacio, sino porque me bloqueó de todas partes, así que no tenía forma de contactarla, incluso si lo hubiera querido.



Este hecho me afectó mucho. Durante semanas me pregunté qué había hecho mal, qué dije que la hizo tomar esa decisión. Pasé por todas las fases del duelo: negación, enojo, tristeza. Lo escribí, lo analicé, lo lloré. Mis amistades más cercanas me decían que tal vez la amistad nunca fue real, que yo había estado engañada. Y, aunque al principio me resistí a aceptarlo, eventualmente tuve que enfrentar esa posibilidad.

Con el tiempo, llegué a algunas conclusiones que me ayudaron a sanar:

  1. Los vínculos no son eternos. Algunas personas llegan a nuestra vida por un tiempo, y está bien si se van. No significa que lo que compartimos no fue valioso.

  2. Si te molestas, dilo. Guardarte las cosas solo genera distancia. Si realmente importas, el otro querrá escuchar y resolver. Si no, al menos te desahogas.

  3. Ser fiel a ti mismo puede costarte vínculos. A veces, cambiar o crecer implica dejar atrás ciertas relaciones que ya no nos nutren.

  4. La compasión duele cuando estás herido. Es difícil ser comprensivo cuando sientes que te han hecho daño, pero es clave para seguir adelante.

  5. Nada es permanente. Ni el dolor, ni las relaciones, ni las situaciones. Todo pasa.

  6. Respeta tu proceso y el de los demás. A veces, las personas necesitan tiempo o distancia, y es importante no forzar.

  7. El mundo no se acaba porque alguien se moleste contigo. Las personas se enojan, cambian, y está bien. No siempre es el fin de todo.


"Como psicoterapeuta, haber vivido esta ruptura me ayudó a comprender mejor lo que muchos de mis pacientes experimentan cuando enfrentan la pérdida de un vínculo importante."


Hoy, al mirar atrás, sigo conmovida por lo que sucedió, pero también más en paz. Comprendí que no siempre tendremos las respuestas a todo, y que eso está bien. La vida sigue, con sus subidas y bajadas, y con cada experiencia, aprendemos un poco más sobre nosotros mismos.

Como psicoterapeuta, haber vivido esta ruptura me ayudó a comprender mejor lo que muchos de mis pacientes experimentan cuando enfrentan la pérdida de un vínculo importante. Afrontar un duelo, ya sea por una amistad, una relación o incluso una situación de vida, no es fácil. Aprender a dar cierre y aceptar que algo ha terminado puede ser doloroso y complicado. A veces, nos resistimos al cambio, y otras, simplemente no sabemos cómo seguir adelante.


Si estás pasando por un duelo por la ruptura de un vínculo, es importante entender que es un proceso, con sus altibajos, pero también que no estás solo/a. Si sientes que no puedes sobrellevarlo, buscar ayuda puede ser clave para sanar. Reconocer la necesidad de apoyo no es una señal de debilidad, sino una muestra de fortaleza y autocuidado.

 
 
 

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